Hoy
en la mañana al despertar, me acerqué a la ventana de mi departamento
que da a un parque, en él vi a un hombre de unos 50 años en ropa
deportiva corriendo. En dirección contraria venía una niña de unos 5 o 6
años en una bicicleta pequeña con ruedas de soporte en la parte de
atrás (de las que se usan cuando los niños aún no han aprendido a hacer
equilibrio), antes de cruzarse la niña le dijo al hombre: “¿Cuánto te
falta papá?” y el hombre tocándole la cabeza con la mano mientras seguía
corriendo le contesta: “sólo 6 vueltas más” y ambos siguieron su
recorrido.
Unos minutos después
salí para comprar el desayuno del domingo y ambos personajes seguían en
el parque, mientras caminaba escuché al papá de la niña decir: “en sus
marcas, listos, yaaa!”, al voltear para ver que sucedía, vi a la niña
que partió la carrera (esta vez sin su bicicleta) corriendo por la
vereda del parque. Me detuve un momento a observarla pensando que cuando
llegara a la esquina se detendría pero no…ella siguió corriendo dándole
la vuelta (sin parar) a un parque de unos 500 metros de perímetro.
Me
impresionó ver la fortaleza de la pequeña al llevar a cabo semejante
hazaña y confieso (con una sonrisa en el rostro) que me provocó ponerme a
correr. Seguí mi camino pensando en la poderosa influencia que ejerce
el “dar el ejemplo”
a las personas que están a nuestro alrededor y sin embargo que poco lo
hacemos. Cuantas veces en nuestras organizaciones exigimos a nuestros
colaboradores ciertos comportamientos que nosotros mismos no
practicamos.

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